Atención y velocidad de procesamiento son las funciones cognitivas más determinantes para un óptimo rendimiento cognitivo.

Ambas funciones son muy compleja y requieren de multitud de áreas cerebrales. Pero ¿qué es la atención?. Su definición no es nada fácil y lleva siendo objeto de estudio desde los inicios de la Psicología, las Neurociencias e incluso la Filosofía.

Se considera atención al arousal o activación fisiológica, la alerta a los estímulos externos e internos. Es también control sobre los estímulos a los que voluntariamente queremos atender, es cambiar entre una tarea y otra. También es atención mantener la concentración durante un tiempo relativamente prolongado de tiempo…

Además, la atención es muy dependiente de la velocidad de procesamiento. Es decir, una velocidad de procesamiento enlentecida dificulta todos los procesos atencionales y por consiguiente los cognitivos. Déficits en estas funciones cognitivas dificultan la memorización y la comprensión lectora. Se relaciona también con problemas de planificación, razonamiento e incluso fluidez verbal. 

Esto quiere decir que la atención es una función compleja que incluye múltiples procesos y permite una gran diversidad de tareas. Por este motivo, es un tema central tanto en el campo científico como en el clínico.

La propuesta teórica más utilizada en el ámbito clínico es el modelo de Sohlberg y Mateer (1987, 1989, 2001) que clasifica los tipos de atención en:

  • Arousal: capacidad para mantenerse despierto y de seguir estímulos
  • Focal: habilidad para fijar la atención en un estímulo concreto.
  • Sostenida: capacidad para mantener una respuesta atencional durante un período relativamente prolongado en el tiempo.
  • Selectiva: capacidad para seleccionar la información o estímulo relevante entre varios distractores. Implica capacidad para inhibir estímulos irrelevantes.
  • Dividida: capacidad para atender a varios estímulos o realizar varias tareas simultáneamente. Permite distribuir los recursos atencionales de manera efectiva.
  • Alternante: Es la capacidad para cambiar el foco atencional de un estímulo o tarea rápidamente a otro.

Sin embargo, este modelo puede quedarse corto a la hora de explicar la atención y sus déficits más presentes en la clínica.  Por consiguiente,  Rios, Periañez y Muñoz-Céspedes (2004) desarrollaron un modelo que incluye recursos y sistemas que se encargan de regular la atención. En resumen, estos recursos moduladores y facilitadores son:

  • Procesos de alto nivel:
      • Control de la interferencia: es la capacidad para recibir varios estímulos y poder seguir teniendo un buen rendimiento en la tarea. Implica mantener el rendimiento y considerar irrelavantes al resto de estímulos.
      • Flexibilidad cognitiva: capacidad de adaptación a los requerimientos de la tarea que permita cambiar rápidamente de un estímulo o tarea y otra.
      • Memoria operativa: para poder manipular y analizar online la información percibida y adaptarse a las demandas.
  • Procesos de bajo nivel:
      • velocidad de procesamiento: entendida como la cantidad de información que puede ser procesada por unidad de tiempo. También es la cantidad de operaciones cognitivas que se pueden realizar, o la latencia entre la aparición de un estímulo y la emisión de una respuesta.

En resumen, aunque la atención y la velocidad de procesamiento parecen funciones cognitivas sencillas, dependen de multitud de subcomponentes. Estos subprocesos funcionan como moduladores facilitando o interfiriendo en su funcionamiento. Esto hace que siempre deban ser incluidos ejercicios de atención y velocidad de procesamiento en cualquier sesión de estimulación cognitiva. Para este fin, te sugerimos el cuaderno digital de atención y velocidad de procesamiento,. Este material tiene una enorme variedad de ejercicios. ¡Seguro que se convierte en un material fundamental de tus sesiones de estimulación cognitiva!

Cuaderno digital de atención y velocidad de procesamiento

Referencias

Ríos, M., Periáñez, J. A., & Muñoz-Céspedes, J. M. (2004). Attentional control and slowness of information processing after severe traumatic brain injury. Brain injury18(3), 257-272.

Sohlberg, M. M., & Mateer, C. A. (1987). Effectiveness of an attention-training program. Journal of clinical and experimental neuropsychology9(2), 117-130.

 

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