Los fallos de memoria pueden ser un síntoma de demencia. Por eso, es importante detectar estos fallos y realizar ejercicios para mejorar la memoria. Ejercitando esta capacidad, se incrementan las estrategias de almacenamiento y se puede mantener por más tiempo la autonomía de la persona.

La memoria es una función cognitiva básica sobre la que se asientan multitud de procesos cognitivos. Por ejemplo, se relaciona con procesos más sencillos como la atención y más complejos como las funciones ejecutivas.

En nuestra vida cotidiana necesitamos de nuestra memoria prácticamente para todo. Por lo tanto, la necesitamos para prepararnos el desayuno, caminar hasta el trabajo, hacer la compra, conversar con las personas de nuestro entorno, trabajar, leer, ver una película. En resumen, la necesitamos para sobrevivir.

La memoria, es una función cognitiva compleja y múltiple. Cuando se pone en marcha, lleva a cabo multitud de procesos diferentes, los tres más importantes son:

  1. Procesar la información que entra a través de los sentidos durante un período limitado de tiempo
  2. Codificar y almacenar esa información recibida
  3. Acceder a información previamente almacenada

Por este motivo, cada uno de estos procesos tiene que ser evaluado con tareas diferentes. Así,  para saber si hay un daño en la codificación y almacenamiento de la información se pueden utilizar tareas de aprendizaje de listas de palabras. La longitud de la lista de palabras dependerá tanto de la edad de la persona como de su nivel de deterioro.

La información que ofrece la ejecución de esta tarea es muy amplia. Por ejemplo, cuando la información no se recuerda a largo plazo (20minutos) puede ser por dos motivos: Un fallo en el almacenamiento o un fallo en la recuperación. Entonces, ¿cómo podemos saber dónde está el fallo? Con claves o ayudas.

Si damos claves para facilitar el recuerdo y la persona sigue sin ser capaz de recordar, entonces se trata a un problema de codificación. En estos casos, la persona olvida porque no consigue guardar nueva información. Sin embargo, si al proporcionar estas claves, la persona consigue acceder a la información, la causa será un fallo en la recuperación. Por ejemplo, una persona con Alzheimer olvida, porque tiene dificultades para guardar información nueva.

En la práctica clínica, “trabajar la memoria” es una cuestión compleja que requiere del buen funcionamiento de otras funciones cognitivas (atención, velocidad de procesamiento, percepción…). Aún así, en nuestro día a día podemos poner en práctica algunos ejercicios muy simples que nos pueden ayudar a estimular esta función cognitiva tan compleja.

10 ejercicios para mejorar la memoria son:

  • Cada mañana, trata de recordar lo que comiste a lo largo del día anterior
  • Recuerda la última película o serie que viste y escribe su argumento en un papel
  • Escribe el nombre de tres personas de tu familia que hace mucho tiempo que no ves
  • En la lista de la compra: imagina la cesta con todas las cosas que necesitas comprar
  • Intenta asociar lo nuevo que tienes que aprender con algo que ya sepas
  • Intenta recordar los títulos de algunos libros de tus estanterías
  • Coloca 10 objetos sobre una mesa y trata de recordarlos en el mismo orden que los pusiste
  • Recuerda la última prenda de ropa que compraste, cuándo fue? donde fue?
  • Recuerda el nombre de todas las personas con las que hablaste el día anterior
  • Duerme al menos 8h al día

Referencias:

Gil, R. G. (2007). Manual de neuropsicología (No. 616.8: 159.9). Elsevier.

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